Las prácticas obligatorias de formación profesional representan un componente esencial y obligatorio dentro del ciclo formativo de los estudiantes de FP (Formación Profesional) y FP Dual. Este periodo, conocido como Formación en Centros de Trabajo (FCT), no es un simple trámite, sino la piedra angular que conecta el aprendizaje teórico con la realidad del mercado laboral. Su objetivo principal es proporcionar a los futuros técnicos una experiencia práctica inmersiva, permitiéndoles aplicar los conocimientos adquiridos en el aula a situaciones profesionales reales bajo la supervisión de tutores tanto del centro educativo como de la empresa. Generalmente, las personas que realizan estas prácticas se integran en un departamento o equipo acorde a su familia profesional. Sus responsabilidades comunes, aunque siempre supervisadas, suelen implicar la participación en proyectos y procesos reales de la compañía. Esto puede incluir tareas de apoyo en la ejecución de labores técnicas específicas, colaboración en el desarrollo de actividades diarias del departamento, y la aplicación de protocolos, normas y herramientas profesionales aprendidas durante su formación. El rol está diseñado para que el estudiante observe, aprenda y contribuya progresivamente, asumiendo responsabilidades acordes a su nivel de desarrollo y siempre con una finalidad formativa. El entorno típico es dinámico y exige una actitud proactiva, de aprendizaje constante y de trabajo en equipo. Los estudiantes deben demostrar no solo las competencias técnicas propias de su titulación, sino también habilidades transversales cruciales para cualquier empleo futuro: comunicación efectiva, adaptabilidad, resolución de problemas básicos, iniciativa y profesionalidad. El requisito fundamental e indispensable para acceder a estos **trabajos** en prácticas es, precisamente, estar matriculado y cursando un ciclo formativo de Grado Medio o Superior que incluya este módulo obligatorio en su plan de estudios. No suele requerirse experiencia laboral previa, ya que esta es la primera inmersión significativa en el mundo laboral. En definitiva, las prácticas obligatorias de FP son el puente definitivo hacia la empleabilidad. Más allá de ser un requisito académico, son una oportunidad única para que el estudiante valide su vocación, adquiera experiencia tangible, construya una red de contactos profesionales y demuestre su valía, abriendo con frecuencia las puertas a futuros **empleos** estables en la misma empresa o sector. Es la etapa donde se forja el perfil competencial completo del técnico, combinando saber, saber hacer y saber estar.